|
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
2.2.5.12.4. Pruebas neuropsicológicas - N6: Discapacidad - psicobiologia net discapacidad
2.2.5.12.4. Pruebas neuropsicológicas
2. Trastornos mentales orgánicos >> 2.2. Demencia >> 2.2.5. Demencia tipo Alzheimer (DTA) >> 2.2.5.12. Pruebas de evaluación de la Enfermedad de Alzheimer >> 2.2.5.12.4. Pruebas neuropsicológicas El diagnóstico de la demencia se basa fundamentalmente en la evaluación clínica y ésta requiere, como condición excluyente, de una exhaustiva evaluación de la función cognitiva. La evaluación neuropsicológica puede subdividirse en dos niveles de complejidad: Un primer nivel consistente en la administración de escalas breves, estandarizadas y sencillas como el Mini-Mental State Examination (Folstein et al., 1975) y las Escalas de Información-Memoria-Concentración y de Demencia de Blessed (Blessed et al. 1968) que permitan alcanzar el diagnóstico de demencia; y un segundo nivel de mayor complejidad en el que neuropsicólogos entrenados administran baterías más complejas con el fin de acotar el estadio evolutivo y severidad del deterioro, al tiempo que se establecen los dominios de la función cognitiva que se hallan afectados para facilitar el diagnóstico diferencial y para orientar el plan terapéutico.
El Subcomité de Evaluación de Tecnología y Terapéutica de la Academia Americana de Neurología (1996) sostiene que la evaluación neuropsicológica es de ayuda en el diagnóstico y seguimiento de pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) y otros tipos de demencias, siendo particularmente valiosa para discriminar entre envejecimiento normal y demencias leves.
Evaluación neuropsicológica mínima El examen de un paciente que consulta por trastornos de memoria debe comprender el estudio de las funciones cognitivas, en concreto memoria, atención, percepción, lenguaje, praxias y gnosias, a fin de poder establecer si estos trastornos se clasifican como olvidos, amnesia, deterioro cognitivo o demencia. Los cuestionarios o escalas han sido diseñados para cuantificar determinadas funciones cognitivas, es decir, no establecen un diagnóstico, sino que cuantifican la severidad de la alteración de determinadas áreas intelectuales. El diagnóstico siempre ha de realizarse en base a la historia clínica y de acuerdo con los criterios del DSM-IV establecidos al respecto; los cuestionarios representan sólo una ayuda en el proceso de valoración. Así mismo, son útiles para la monitorización de la evolución del paciente así como para programas de despistaje de deterioro cognitivo, tanto en el medio hospitalario como comunitario.
La evaluación breve puede ser realizada por cualquier profesional de la salud mínimamente entrenado y con conocimientos de cómo se realizan las distintas preguntas, qué miden y cómo se puntúan. Por lo general el tiempo de realización de estas pruebas no suele ser superior a los 10-15 minutos. Mediante estas pruebas o test breves de screening, únicamente podemos determinar la existencia o ausencia de déficit cognitivo en el paciente, no podremos, por tanto, hacer una interpretación pormenorizada de las funciones alteradas o del grado de disfunción ya que esto requiere una evaluación más extensa y especializada. Dichos tests breves son así mismo útiles para realizar el seguimiento del posible deterioro cognitivo del paciente (evaluación cada 6-12 meses, según evolución), a fin de determinar la progresión o no de los déficits. Dentro de los tests básicos que debe utilizar el médico general se encuentran los siguientes:
Examen básico de evaluación cognitiva Examen del Estado Mental Mínimo de Folstein (MMSE) (Folstein et al., 1975) Es el test cognitivo abreviado de mayor validez y difusión internacional. Su puntaje máximo es de 30 y, originariamente, el valor límite o de corte fue de 24; sin embargo, los resultados deben ser interpretados de acuerdo a diferentes criterios tales como la edad, el nivel educacional y otras variables personales. Se recomienda utilizar el valor límite de 26, valor utilizado en la mayoría de los estudios internacionales. Un resultado por debajo del valor límite sugiere deterioro cognitivo, pero un resultado considerado “normal” no lo descarta. En nuestro medio existen múltiples versiones, mucha de las cuales son simples traducciones del inglés.
El MMSE evalúa las siguientes áreas:
- Orientación - Memoria - Atención - Capacidad para seguir ordenes orales y escritas - Escritura espontánea - Habilidades visuoconstructivas
La principal aportación de esta prueba consistió en proporcionar un instrumento para detección de deterioro cognitivo y que se pudiese administrar en poco tiempo. Según sus autores, esto era especialmente importante en determinadas alteraciones como demencia, en las que el paciente rápidamente se cansaba, y por tanto dejaba de mostrarse colaborador.
Mini-Examen Cognoscitivo (MEC) (Lobo et al., 1979) Lobo y colaboradores (Lobo et al., 1979) adaptan el MMSE esta prueba a muestra española, pero introduciendo cambios en algunos ítems que afectaban a la puntuación total, de modo que en lugar de obtenerse una puntuación total de 30 puntos, como sucedía con la versión original, en este caso se obtenían un máximo de 35 puntos. A esta versión los autores la llamaron Mini-Examen Cognoscitivo (MEC), extendiéndose su uso rápidamente, y conviviendo con otra adaptación, en este caso sí totalmente fiel, del MMSE. El punto de corte establecido para detección de demencia en población española se sitúa en 23 o menos. CAMCOG (Roth et al, 1988) Prueba incluida en la entrevista diagnóstica de demencias CAMDEX validada en español (Vilalta et al, 1991). Se utiliza para evaluar el funcionamiento cognitivo de ancianos que pueden padecer demencia, especialmente criterios A y B de DSM-IV y abarca las siguientes áreas:
- Orientación - Lenguaje - Memoria - Atención/ Concentración - Praxis - Cálculo - Pensamiento abstracto - Percepción visual
La administración de esta prueba da como resultado una puntuación total obtenida a través de la suma directa de las puntuaciones que proporcionan los aciertos en la prueba, con un mínimo de 0 y un máximo de 130. El punto de corte para diagnosticar demencia en población española se ha establecido en 69/70. Este instrumento es uno de los más utilizados en la práctica clínica.
Short-Portable Mental State Questionnarie (SPMSQ) (Pfeiffer, 1975) Es una prueba muy breve, que consta de 10 ítems que evalúan las siguientes funciones: orientación, memoria de evocación, concentración y cálculo. A pesar de su brevedad, presenta una aceptable capacidad discriminativa. El sistema de puntuación se resume en la asignación de 1 punto al ítem incorrecto. Entre 0 y 2 errores se considera normal, entre 3 y 4 errores, deterioro leve, entre 5 y 7 errores, deterioro moderado, y más de 8 errores, deterioro grave.
Escalas funcionales básicas e instrumentales de la vida diaria Las escalas funcionales e instrumentales y básicas de la vida diaria nos sirven para "medir el impacto del deterioro cognitivo sobre la vida del paciente" y son imprescindibles para valorar el beneficio terapéutico. Los ingredientes que aportan son un valor añadido a los datos de la exploración clínica y neuropsicológica reglada, al hacer evidente el conjunto de conductas que definen al individuo con relación a sus preferencias, habilidades y competencias que le permiten vivir de forma autónoma e independiente y ejercer su papel social. Todas estas actividades, desde las más avanzadas hasta las más básicas se deterioran a medida que progresa la enfermedad, incidiendo de forma desigual en cada individuo y su grupo familiar, siendo valoradas con una subjetividad tan elevada por parte de los diferentes cuidadores de un mismo grupo familiar, que su manejo requiere una gran habilidad y experiencia en entrevista clínica. Escala de Demencia de Blessed (Blessed et al., 1968)
La Escala de Demencia de Blessed y col. publicada en 1968 para cuantificar la capacidad de los pacientes dementes para llevar a cabo las tareas de la vida diaria, se validó llevando a cabo comparaciones entre las puntuaciones obtenidas en este test y el número de placas seniles observadas en las autopsias de los mismos sujetos, obteniéndose correlaciones altamente significativas. Las funciones evaluadas son: cambios en la ejecución de las actividades de la vida diaria, en los hábitos, en la personalidad y en la conducta. Las puntuaciones superiores a 4 indican la presencia de deterioro cognitivo.
Escala de evaluación rápida de la incapacidad (The Rapid Disability Rating Scale-2) (RDRS-2) (Linn et al., 1982)
La Escala de Evaluación Rápida de la Incapacidad (The Rapid Disability Rating Scale) fue diseñada por Linn1 en 1967, y revisada posteriormente en 1982 (RDRS-2).
Se trata de un instrumento IADL de actividades instrumentales de la vida diaria. Su objeto era disponer de una herramienta para la valoración de la capacidad funcional y el estado mental de los pacientes crónicos mayores. Puede ser utilizada tanto en sujetos institucionalizados como en la comunidad. Se trata de una escala que es cumplimentada por el cuidador o por un familiar del enfermo, que observa el comportamiento del mismo en la realización de distintas tareas. Consta de 18 ítems que evalúan 8 cuestiones sobre actividades de la vida diaria, 3 de habilidades sensoriales, 3 de capacidades mentales y una de cada una de las siguientes: dieta, continencia, medicación y permanencia en cama. Las preguntas están hechas en términos de cantidad de asistencia que el paciente requiere para realizar las actividades. Las respuestas se valoran mediante una escala de cuatro puntos: 1 = completa independencia, 4 = grado máximo de discapacidad. El rango de la escala oscila entre 18 y 72. A mayor puntuación mayor grado de discapacidad. Los autores obtuvieron valores de 21/22 en ancianos residentes en la comunidad. En un grupo de ancianos institucionalizados la puntuación media subió a 32 y en otro grupo que requería asistencia domiciliaria de enfermería llegó hasta 36. Se ha sugerido que en estadios moderados-intensos de demencia puede resultar de gran utilidad, ya que evalúa actividades muy elementales. En estas fases del deterioro cognitivo se obtiene mejor rendimiento que con otras escalas como la FAQ de Pfeffer o la de Lawton y Brody, que son más sensibles en casos de demencias leves.
Escalas para determinar el nivel del deterioro En la evaluación y seguimiento de un paciente con demencia es útil poder establecer el estadío evolutivo de la enfermedad. Para ello existen diversas escalas que otorgan un valor estandarizado de acuerdo al grado de afectación funcional. En general se intenta objetivar la valoración a fin de poder clasificar la demencia según los criterios clínicos clásicos: demencia leve, moderada o severa. Escala de Deterioro Global - GDS (Global Deterioration Scale), (Reisberg et al., 1982) La Escala de Deterioro Global (Global Deterioration Scale - GDS) establece siete estadíos posibles: 1 = normal; 2 = deterioro muy leve; 3 = deterioro leve; 4 = deterioro moderado; 5 = deterioro moderadamente severo; 6= deterioro severo; 7 = deterioro muy severo. La escala define cada estadío en términos operacionales y en base a un deterioro supuestamente homogéneo. Sin embargo, dado que la secuencia de aparición de los síntomas es a menudo variable, se ha argumentado que la inclusión de un paciente en un estadío de acuerdo a un criterio rígido podría conducir a errores; no obstante se trata de una de las escalas más completas, simples y útiles para la estimación de la severidad de la demencia. El CAED (1997) sugirió la utilización de esta escala para la gradación del síndrome demencial de la enfermedad de Alzheimer acompañado del Instrumento de Evaluación Funcional para Enfermedad de Alzheimer, FAST (Functional Assessment tool for Alzheimer’s disease). Clasificación Clínica de la Demencia-CDR (Clinical Dementia Rating), (Hughes et al., 1982). La evaluación de las demencias que no son Enfermedad de Alzheimer se realiza a través de la Clasificación clínica de las Demencias (Clinical Dementia Rating - CDR 5) que es más general. Su escala establece cinco estadíos posibles: 0 = normal; 0,5 = cuestionable; 1 = demencia leve; 2 = demencia moderada; 3 = demencia severa. La estimación se realiza en base al rendimiento del sujeto en seis modalidades de tipo cognitivo y funcional. Estas modalidades son: memoria, orientación, razonamiento, actividades sociolaborales, actividades recreativas (hobbies o pasatiempos), y cuidado personal.
Test del Reloj (Goodglass et al., 1972) El Test del Reloj se ha utilizado tanto para evaluar habilidades visuoconstructivas como praxias constructivas. Sin embargo el hecho de que en su ejecución se impliquen varias funciones cognitivas tales como ejecución motriz, atención, comprensión del lenguaje, conocimiento numérico, etc., la convierte en una prueba adecuada para detectar deterioro global en casos como la demencia tipo Alzheimer. Existen fundamentalmente dos formas de administrar esta prueba, a la copia y a la orden. En el primer caso se le muestra al participante el dibujo de un reloj analógico con todos los números arábigos del 1 al 12, en el que las manecillas del reloj están marcando una determinada hora. La tarea consiste en hacer una replica lo más exacta posible del reloj en otro lugar de la misma hoja, estando siempre el dibujo original a la vista. En el segundo caso, sin ningún dibujo de referencia, se le pide al participante que realice un reloj redondo y grande, y que coloque en él todos los números. Asimismo se le pide que coloque las manecillas de tal modo que indiquen una determinada hora, que habitualmente son las once y diez.
Respecto a la influencia del nivel de escolaridad y edad en las puntuaciones obtenidas, los resultados mostrados en la literatura son contradictorios. Así mientras que en diversos estudios se ha observado que la ejecución del Test del reloj tanto en adultos como en ancianos sanos estaba afectada por el nivel de formación académica (Ainslie et al., 1993) otros trabajos muy recientes realizados específicamente con enfermos de Alzheimer tanto con muestra norteamericana (Solomon et al., 1998) como muestra española (Cacho et al., 1999), no encuentran tales diferencias.
En cuanto al sistema de puntuación, a pesar de que existen diferentes procedimientos para corregir la modalidad del Test del Reloj a la orden, el más utilizado es el que proporciona una puntuación total de 9 puntos, obtenidos a través de la colocación correcta del número 12, el resto de números, las dos manecillas y la hora correcta. En diversos trabajos el punto de corte ideal para detectar demencia se sitúa en la obtención de 6 o menos puntos (Cacho et al., 1996). En general la sensibilidad de esta prueba se ha situado (según la literatura) entre 67% y 92’8%, pudiéndose considerar por lo tanto como una buena prueba de detección de demencia. Se evalúan cuatro aspectos de la ejecución del reloj, que son:
- Que el número 12 esté situado arriba- 3 puntos. - Que haya dos agujas- 2 puntos. - Que haya doce números- 2 puntos. - Que las manecillas indiquen la hora correcta- 2 puntos. Instrumento de Evaluación Funcional para Enfermedad de Alzheimer-FAST (Functional assessment tool for Alzheimer’s disease)
Para cuantificar el grado de severidad del cuadro clínico de cada caso, se puede tomar como medida la última evaluación utilizando el FAST (Functional Assessment Staging) o estado funcional por el método de Reisberg, 1988. Esta escala clasifica la evolución de la enfermedad en 16 estadios que corresponden el primero a un estado asintomático y el último al estado de máxima gravedad, tal como se expone a continuación.
1. Ninguna dificultad ni objetiva ni subjetiva 2. Olvidos benignos. Dificultades subjetivas en el trabajo 3. Disminución en la capacidad organizativa 4. Dificultad para realizar actividades instrumentales complejas de la vida cotidiana. 5. Requiere ayuda para seleccionar sus prendas de vestir 6. Requiere ayuda para vestirse 7. Dificultad para bañarse bien solo 8. Dificultades en la mecánica del aseo personal 9. Incontinencia urinaria 10. Incontinencia fecal 11. Lenguaje limitado a unas seis o siete palabras 12. Habla limitada al uso de una sola palabra 13. Pierde habilidad ambulatoria 14. Dificultad para mantenerse sentado sin apoyo 15. Pierde la sonrisa 16. No puede sostener la cabeza independientemente
Batería neuropsicológica completa Aunque estos exámenes neuropsicológicos básicos le permiten al médico general sospechar el diagnóstico, la confirmación adecuada debe ser realizada mediante una batería neuropsicológica completa efectuada en un laboratorio especializado.
La administración de una batería neuropsicológica completa en las demencias utilizará diferentes combinaciones de tests neuropsicológicos adecuados a poner de manifiesto aquellos perfiles propios de cada enfermedad. Hay que tener en cuenta también que los perfiles cognitivos de las demencias son diferentes según sean corticales o subcorticales; aún entre los distintos trastornos corticales, e incluso dentro mismo de la enfermedad de Alzheimer se ha demostrado heterogeneidad. Por ello, es fundamental que la batería neuropsicológica a utilizar permita objetivar estas variaciones, utilizando todas las herramientas que estén al alcance para cubrir el amplio espectro de posibilidades diagnósticas.
Toda batería neuropsicológica para evaluación de demencias debe, por tanto, abarcar un vasto rango de áreas y habilidades cognitivas, con especial énfasis en la memoria. Sin embargo, debe remarcarse que los tests de memoria en forma aislada no alcanzan para realizar un diagnóstico de demencia; en la Enfermedad de Pick, por ejemplo, el trastorno de memoria comienza en forma relativamente tardía.
Pruebas específicas de la Enfermedad de Alzheimer ADAS (Alzheimer’s disease assessment scales) o Escala de Evaluación para Enfermedad de Alzheimer En 1984 con la aparición del ADAS (Alzheimer’s Disease Assessment Scale) o Escala de Evaluación para la Enfermedad de Alzheimer (EEEA) fue posible contar con un instrumento confiable, breve, diseñado especialmente para la enfermedad de Alzheimer y capaz de medir puntualmente los síntomas mayores de la misma como así también su progresión aún en los estadios más avanzados.
El ADAS es un test que evalúa rendimiento y que consta de 21 ítems segregados en dos subescalas: cognitiva (ADAS-Cog) y conductual (ADAS-Noncog), de 11 y 10 ítems respectivamente. En la práctica se ha hecho muy popular la administración del ADAS-Cog, en tanto que el ADAS-Noncog ha sido relegado debido a la existencia de escalas conductuales más abarcativas como la Escala de Medición de Patología Conductual en la Enfermedad de Alzheimer o BEHAVE-AD (Reisberg et al, 1987) y el Inventario Neuropsiquiátrico o NPI (Cummings et al., 1994).
En el ADAS-Cog el rango de puntaje varía entre 0 (sin deterioro) y 70 (demencia severa), aunque en la práctica los individuos sanos suelen desempeñarse en el rango que va de 5 a 10 puntos. La evaluación de las funciones cognitivas dedica 3 ítems a memoria (27 puntos), 1 a orientación (8 puntos), 5 a lenguaje (25 puntos) y 2 a praxias (10 puntos). Estas funciones cognitivas son las más representativas del compromiso cortical en la enfermedad de Alzheimer y las más sensibles a la progresión del deterioro durante la evolución de la misma.
El ADAS no fue diseñado como instrumento único de diagnóstico sino para el estudio de los síntomas característicos de la enfermedad de Alzheimer y como indicador sensible de evolutividad: la evidencia obtenida de estudios longitudinales sugiere que pacientes no tratados presentan un nivel de cambio en un año de aproximadamente 9 puntos en la subescala cognitiva. Debido a esto el ADAS-Cog ha sido ampliamente utilizado para valorar la eficacia de nuevos fármacos en la evolución de la demencia de tipo Alzheimer. Sin embargo, se debe ser cauto en la interpretación de los resultados ya que el nivel de cambio parece ser altamente dependiente del grado de deterioro en el momento de la primera evaluación. Así, los pacientes levemente deteriorados tienden a mostrar menor nivel de cambio en un año que aquellos que estaban más seriamente comprometidos. Por otra parte, a medida que la enfermedad progresa, los pacientes que presentan un nivel de deterioro muy severo tienden a enlentecer nuevamente el ritmo del nivel de cambio. Escala de Demencia de Mattis (Mattis Dementia Rating Scale) (Mattis, 1976)
Es un instrumento breve, de mayor efectividad que el MMSE. Se utiliza en aquellas enfermedades demenciantes con compromisos cognitivos subcorticales. Esta escala arroja un valor global -con un máximo de 144 puntos- y valores parciales para las distintas funciones cognitivas: atención, iniciación/perseveración, construcción, conceptualización y memoria. Fue diseñada para poder evaluar y cuantificar la progresión de la declinación cognitiva de los sujetos con demencia aún al lado de la cama del paciente. Tiene un índice de confiabilidad test-retest de 0.97. El punto de corte es de 123; por debajo de esta cifra no queda incluido ningún sujeto con trastorno depresivo mayor, incluye sólo un 12% de pacientes con trastornos psicológicos, un 36% de pacientes con cuadros focales y un 62% de pacientes dementes.
Es necesario señalar que si bien estas escalas cumplen una función importante en la evaluación diagnóstica y en el seguimiento del paciente, generalmente, resultan poco sensibles para las demencias precoces o muy leves por lo que es recomendable realizar una exploración más exhaustiva de las funciones cognitivas.
Evaluación de las funciones cognitivas Aunque existen diferencias entre los distintos laboratorios de neuropsicología respecto a las técnicas específicas a utilizar, existe un amplio consenso respecto a las funciones que deben ser evaluadas, estas son: inteligencia general, memoria, atención, lenguaje, visuopercepción, visuoconstrucción, razonamiento, abstracción y funciones ejecutivas.
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||